PAISSE (paisse@yahoo.es)

"¿No ves que la finalidad de la Neolengua es limitar el alcance de del pensamiento?" (1984, George Orwell)

29 enero 2013

El Toro de la Vergüenza

Recuerdo cuando era pequeño y en el flamante Seat 124 azul de mi padre pasábamos por la carretera vieja de Manacor, a la altura de Algaida. De pronto aparecía en el horizonte la silueta negra del Toro de Osborne, entera y sin pintadas

No recuerdo haber oído nunca a nadie que dijera sentirse ofendido o atacado por su presencia. Lo más que escuché es que se trataba de una horterada, algo con lo que incluso podría estar de acuerdo. La estética rancia de la España cañí, toros, sangría y flamenco, etc.

Hoy esta valla publicitaria que una vez tuvo forma de animal (pues no era otra cosa que eso) aparece decapitada, con una bandera catalana pintada en el cuerpo y tachada con una X negra.

Es solo el resultado del último de una larga lista de ataques y contrataques. Y es que este pobre toro se ha convertido en los últimos años en el tablón de anuncios de vándalos de distinto signo que probablemente piensen que destrozar una figura de madera y cartón es la máxima expresión del heroísmo patriótico.

El único toro de Osborne de Mallorca -o lo que queda de él- es una metáfora visual del deterioro de una sociedad cada vez más ignorante e intolerante, incapaz de resolver las cosas hablando y, lo que es más preocupante, que piensa que la violencia es un medio lícito para alcanzar sus objetivos.

Carretera vieja Palma-Manacor, kilómetro 25 aproximadamente: ahí encontraremos el Toro de la Vergüenza, mutilado y desfigurado, el espejo en el que deberíamos mirarnos y sonrojarnos todos los mallorquines, porque nos retrata a todos: a los fanáticos catalanistas en primer lugar, pero también a los responsables de la educación de los jóvenes, a los que comprenden y toleran algunas actitudes violentas (unas sí, otras no, todo depende) y sobre todo a los que miran hacia otro lado haciendo como si no pasara nada. Estos últimos son los que un día se levantan con el culo al aire y se preguntan indignados: "¿cómo hemos llegado a esto?"


09 enero 2013

Veinte años no es nada

El autobús es un lugar muy interesante donde encontrar personajes peculiares y escuchar conversaciones muy interesantes, como la que pude oír ayer. 

Tres chicos muy jóvenes (de 15 ó 16 años) sentados frente a mí hablaban, divertidos, de sus aventuras en el instituto, las chicas, los profesores...  Uno de ellos de pronto dijo: "¿os acordáis del hombre aquel que nos soltó el discurso en la calle?". Como uno de ellos desconocía la anécdota, el chaval se puso a contarla desde el principio.

26 noviembre 2012

Y Moisés se ahogó en el Mar Rojo


No sabemos todavía si Artur Mas había decidido guiar a su pueblo a través del desierto para liberarlo de las garras opresoras de Egipto (Espanya ens roba!) o para desviar la atención de sus fracasos como gestor de la cosa pública. Lo que es seguro es que este Moisés del siglo XXI se enfundó la estelada por túnica y llevó a los ingenuos y confiados que quisieron seguirle a las orillas del mar Rojo.

Lo que pasa es que cuando se abrieron las aguas muchos flaquearon a la hora de cruzar hacia la Tierra Prometida. Surgieron serias dudas: unos no se fiaban de un señor que hasta ayer por la tarde a última hora no era independentista mientras que otros, después de enfriarse a fiebre patriótica ante la vista de aquel estrecho e incierto camino que se abría ante ellos, de repente pensaron que la aventura era más arriesgada de lo que les habían contado.

07 noviembre 2012

¿Qué han hecho por nosotros los romanos?

Dos videos muy breves y explicativos. Dos formas diferentes de denunciar lo mismo: las mentiras del argumentario del nacionalismo catalán. Ambos protagonizados por Toni Cantó.

El primero hace reír, el segundo llorar.

09 octubre 2012

El verdadero negocio es el independentismo, no la independencia


La sorpresa de Artur Mas es mayúscula cuando descubre al entrar en su despacho que alguien está sentado en su butaca presidencial. A pesar de estar a contraluz, en seguida cree reconocer la figura encorvada y las ojeras desparramadas de Jordi Pujol. La voz confirma todos sus temores: "Artur... Hem de parlar".

Con la debida obediencia, aunque sin ocultar su incomodidad, Mas se acerca a la mesa y toma asiento frente a él. Los dos molt honorables se miran a la cara unos segundos como en un spaghetti western de Sergio Leone, hasta que el más senecto inicia la conversación: