PAISSE (paisse@yahoo.es)

"¿No ves que la finalidad de la Neolengua es limitar el alcance de del pensamiento?" (1984, George Orwell)

29 mayo 2007

Los que viven en el gimnasio

Hoy he ido al gimnasio y los he vuelto a ver. No importa el día o la hora que vaya, hay unos tíos que siempre están ahí. Son siempre los mismos, en el sancta sanctorum de la sala de fitness, ese rincón semiescondido, allá donde se encuentran esos monstruosos aparatos de halterofilia* que muy pocos privilegiados se atreven a usar.

Es su territorio. Allí hacen sus series de levantamiento, embutidos en sus mallas, muy concentrados. En las pausas entre los ejercicios se levantan y examinan minuciosamente sus cuerpos en el espejo. Después regresan a sus mancuernas y sus series de ejercicios.

Siempre son los mismos: Un chaval de unos 20 años de pelo largo estilo Maciste que parece salido de un tebeo de Conan, un cuarentón calvete cuyo descomunal y tatuado brazo tiene el mismo ancho que mis dos piernas juntas, otro tío paticorto que, de tanto muscularse de cintura para arriba da la sensación de carecer de piernas, como si fuera un triángulo humano... Los mismos de siempre se dan cita ahí a diario. Ahí están, en el más absoluto silencio, absortos en sus bíceps y sus tríceps sin intercambiar una sola palabra. ¿Por qué no se hablan?

Viéndolos me hacen pensar en esas películas de prisiones donde los aburridos reclusos matan el tiempo haciendo pesas. El ambiente de patíbulo, con tanto tatuaje y tantas pesas, es a veces inquietante. Tanto que en los vestuarios estoy más pendiente de proteger mi retaguardia que de lavarme detrás de las orejas.

Mi amigo Javi tiene la teoría de que existen personas que no tienen vida propia y están puestos ahí para amenizar la existencia de los demás, son figurantes, objetos de atrezzo. Él los llama "vidas complementarias". Puede que sea el caso de los muchachos estos del gimnasio. Quizá la dirección del centro los ha puesto ahí para dar ambiente: Cuando cierran les dejan dormir en las colchonetas. Por la mañana, desayunan un isostar con unos anabolizantes y hala, a sudar.
Yo me mantengo lejos de su zona de acción, no sea que a alguno le reviente un abdominal y me alcance la metralla. Una sola vez, por error, osé pisar su territorio. De repente, pararon en sus ejercicios, perturbados por mi presencia, la de un ser inferior venido de otro planeta, con una mirada entre curiosidad y desprecio. "Perdón" dije, con un hilo de voz y me alejé... Todavía me miraron durante unos segundos, pero luego continuaron a lo suyo, sin tregua.

(*) La halterofilia no es ningún tipo de desviación sexual, se trata de levantar pesas.

8 comentarios:

Claudedeu dijo...

Para hacer ejercicio nada mejor que... ¿jugar al fútbol? ¿Hacer zapping? Cada cual con su estilo.

HartosdeZPorky dijo...

¿Existen los gimnasios?. Jojojojojojojojo.

Groucho dijo...

yo, como muchos españoles, voy al gimnasio cuando los cargos de conciencia resurgen en mi mente. por suerte, como muchos españoles, ni tengo conciencia ni tengo mente.

Anónimo dijo...
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Daniel dijo...

Querido anónimo:
Ya te dije que no iban a aparecer más comentarios tuyos aquí hasta que no demuestres haber aprendido modales y te hayas sacado el Graduado Escolar.

Anónimo dijo...
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Daniel dijo...

Gracias por tu comentario, anónimo, pero si deseas escribir, te sugiero que lo hagas en otro sitio. Aquí tenemos reservado el derecho de admisión.

Ya te dije que era la última vez que escribías aquí. No te cansas?

Anónimo dijo...
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