PAISSE (paisse@yahoo.es)

"¿No ves que la finalidad de la Neolengua es limitar el alcance de del pensamiento?" (1984, George Orwell)

24 julio 2010

Los viejos



He sido testigo de innumerables injusticias a lo largo de mi vida. Incluso he sido objeto de alguna de ellas (¿y quién no?), pero de todas, la peor sin duda fue ver a mi abuela muerta en vida, hace ahora seis años, consumida por el Alzheimer, desposeída de todas esas cosas que nos hacen humanos. Tres años postrada en una cama mirándonos sin vernos, sin conciencia de la realidad ni de sí misma, sin control de su propio cuerpo.

Ella había nacido en 1919, en la Mallorca preturística: Un lugar pobre y atrasado, muy lejos de ser la Arcadia feliz que nos pintan algunos cantamañanas subvencionados actuales. Su infancia fue terrible: vio morir a varios de sus hermanos pequeños a causa de la gripe, tuvo que trabajar desde niña, vivió el miedo de la guerra, sufrió los estragos de la pobreza. Del hambre. Hambre con mayúsculas, que sufrieron tantos españoles, aunque ahora desde nuestro pedestal postmoderno con pies de barro esto nos parezca lejano y casi irreal. Su vida no fue fácil, hubiera merecido un final mejor.

De pequeños nos burlábamos de ella cuando nos regañaba por dejar comida en el plato, cuando de santiguaba antes de subir al coche de mi padre o cuando entendía al revés las noticias del telediario. Éramos niños.

Fue tarde, ya de adulto, cuando me di cuenta de que lo que le había sucedido a mi abuela: el mundo había girado demasiado deprisa para ella, habían pasado tantas cosas, fantásticos prodigios, barbaridades inimaginables. Bombas nucleares, el hombre en la Luna, la televisión... Pero el mundo de mis abuelos seguía siendo pequeño, como dice Jacques Brel en su canción (escúchenla, vale la pena). Por decirlo de alguna manera, "se habían quedado atrás". O eso pensaba yo. Con el paso del tiempo me doy cuenta de lo ignorante que soy y lo que podría haber aprendido de mis abuelos si les hubiera escuchado más.

Para más inri el día en que mi abuela murió -es mejor decir cuando exhaló, porque en realidad la pobre había dejado de vivir mucho antes- yo estaba de viaje. Desde ese día tengo un extraño sentimiento de culpa. Yo también cometí una injusticia: no haberle agradecido nunca mientras vivió su cariño, sus cuidados y sus enseñanzas. Porque mi abuela apenas sabía escribir, pero me enseñó más cosas que muchos de los profesores que tuve después. Fracasó en su intento de hacer de mí un ferviente católico, eso es evidente. Muchas veces me reí de ella, la tomaba por tonta. Una vieja pesada y tonta. Seguramente ella me lo haya perdonado, porque los abuelos siempre perdonan a los nietos, pero yo en cambio no he sabido perdonarme. Al poco de su muerte me hice con una foto de ella en la que aparece sentada, mirando a la cámara muy seria, con su habitual aire discreto. Mi mujer luego compró un marco y ahí la tengo, en la mesita de noche.

No la estoy idealizando, como solemos hacer de manera hipócrita con la mayoría de los difuntos. Como todos, ella tenía sus virtudes y sus defectos, y un carácter tremendo. Lo que se conoce como "muy mala leche". Ahora me siento en deuda. Con ella, y por extensión, con toda esa generación de supervivientes que nos transmitieron tantas cosas positivas, en especial el espíritu de sacrificio, totalmente ausente en nuestra vida, donde nos pasamos el día quejándonos por tonterías. Quizá el Universo, o el karma, o lo que sea, le proporcione a mi abuela una justa venganza y yo reciba de mis nietos, si los tengo, el mismo tratamiento que le di a ella. Espero para entonces haber alcanzado la sabiduría que ella alcanzó, esa que solo te dan los años, para no enfadarme y llegar a comprender que son cosas naturales, que por muchos siglos que pasen los jóvenes siempre se creerán más listos que los viejos, hasta que un día reciban el debido y necesario baño de humildad que les dé la perspectiva correcta del mundo. Al fin y al cabo, dicen que la juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo.
...

14 comentarios:

Juan Luis Calbarro dijo...

La canción de Brel preciosa, emocionante (qué bestia, qué gran cantante fue Brel), y el artículo sabio. Te honra.

pancho dijo...

Maravilloso. Que reflexión más real y más dura a la vez. Me identifico en cada palabra con Usted, yo también fuí dura con mi abuela e injusta muchas veces. Mi abuela enterró 6 hermanos, vió como los rojos mataban a uno de un disparo, tuvo que mantener a sus dos hijas pequeñitas durante la guerra y lo que es peor, con 95 años perdió a sus dos únicas hijas de cáncer.

Terrible. ¡cuánto me arrepiento de no haber sido más comprensiva con ella!. Nunca estuve a su altura, por favor que me perdone.

Cris Peña

Krugerrand dijo...

Entradas como estas son las que explican que tenga tu blog entre mis favoritos. Tan humano, tan crudo, tan humilde.

Y la canción de Brel, que desconocía, ha sido un hallazgo. Una joya preciosa.

Muchas gracias. Sigue escribiendo así.

Daniel Terrasa dijo...

Gracias por vuestros amables comentarios.

Eduardo de la Fuente dijo...

Tu artículo duele. Es de verdad.

Un saludo

Carlos56 dijo...

Poco que añadir, Daniel. Gracias por compartir esto con nosotros. Un abrazo.

Oroel dijo...

Me has hecho acordarme de mi abuela, doña Paquita, y casi he llorado. Doña Paquita, como la llamaban los gitanos que acudían a vender las cestas a mi pueblo, en la solana de Jaca, frente a la peña Oroel, y que sabían que ella siempre les compraba generosamente. Y como la llamaban, con enorme respeto, y pienso que con mucho más afecto pues todavía muchos la recuerdan, el resto de vecinos del pueblo, los pocos que van quedando. Todavía hoy, tantos años después de su muerte, la vieja casa familiar está llena de cestas nuevas, que nunca se usaron. He recordado sus ojos dulces, su cara siempre sonriente, pequeñita y encorvada. Mi abuela -siempre la conocí, y así la recuerdo, vieja- se levantaba de la cama quejándose, con un plural mayestático: “¡Estos cuerpos..!” He visto fotografías de cuando era joven, guapísima, alta, espigada, y ya entonces había tenido más de diez hijos, alguno muerto de niño... La vida le pasó por encima, como a todos, pero creo que nunca pudo con su bondad. Casi he llorado.

Aguador dijo...

Grandísima entrada del amigo Daniel. Y gran verdad cuando dice que muchas veces nos reímos de ellos (nuestros abuelos), porque creemos que "no están enterados" de las cosas "como nosotros", cuando en realidad lo que ocurre es que somos nosotros los indocumentados mientras ellos comparten con nosotros lo que ellos han aprendido de la vida.

Es curioso cómo ahora se considera un signo de "progreso" enviar a los abuelos al asilo, "donde los tratarán bien" (?). Eso, naturalmente, dejando aparte los casos que los propios achaques de la persona impidan una adecuada atención a domicilio.

Mi abuela materna, en paz descanse, era un trozo de pan. Mi padre decía que él nunca tuvo suegra, porque jamás mi abuela le dio problema alguno. Espero que allí donde esté, esté bien y vele por nosotros...

Saludos,
Aguador.

Smyslov dijo...

Creo que nos hiciste llorar a todos, Daniel.

Beethoven dijo...

Esta vez estoy plenamente de acuerdo contigo. Yo también estoy sufriendo actualmente un drama con una persona de mi familia como el que tu describes. El problema de esas personas que queremos y que se alejan cada vez mas de nosotros es que nada vuelve a ser como era antes y que nada va a mejorar y que las perderemos para siempre, y de ellas no querarán mas que los recuerdos.

Ah ,y también soy un enamorado de la música francesa de los 60 y 70 con cantantes como Jaques Brel , Charles Aznavour, Salvatore Adamo etc.

No siempre estamos en desacuerdo, pese a nuestra gran distancia ideológica.

Daniel Terrasa dijo...

Beethoven,

Siento que estéis pasando por eso, es una situación terrible para quien la pacçdece pero también para las personas que cuidan al enfermo.

A mí también me gusta la canción francesa. Solo un apunte sin acritud: Brel era belga!! Pero bueno, vale como francófono.

Beethoven dijo...

Jaques Brel era Belga al igual que Salvatore Adamo que este además es de origen italiano , y Charles Aznavour es armenio aunque afincado en Francia .
Jaques Brel murió en Canarias afectado de un cancer incurable ,quizá ocasionado por su hábito de fumador empedernido.
Cuando hablo de canción francesa me refería a canción en francés.

Saludos.

Daniel Terrasa dijo...

Sin olvidar a Moustaki, que era medio griego.

Pero mi favorito, por encima de todo, es Georges Brassens. Tengo pendiente un viaje por la Camarga para seguirle los pasos. Quizá el año que viene, si hay tiempo y dinero.

Saludos

Juan Luis Calbarro dijo...

Aunque me recuerdas esta entrada a propósito del genial Brel, me lo releo, me lo imprimo y se lo voy a leer a mis hijos cuando tengamos un rato relajado. Estas cosas solo las aprenderán por su propia experiencia, pero todo lo que se les cuenta, aún a su edad, les queda en algún recodo del cerebrillo y más adelante podrán decir que su padre ya se lo había dicho (porque lo leyó en un blog estupendo).