PAISSE (paisse@yahoo.es)

"¿No ves que la finalidad de la Neolengua es limitar el alcance de del pensamiento?" (1984, George Orwell)

19 julio 2011

Los cipreses siguen creyendo en Dios


Yo desconocía la obra de José Maria Gironella y tal vez nunca la hubiera llegado a conocer porque el tema de la Guerra Civil española, por la saturación de películas y novelas sobre el tema, simplemente me agota. Por eso y además porque resulta difícil hablar del tema con alguien sin que suba el tono de la conversación.

Casi por casualidad escuché en un programa de radio una breve biografía de Gironella, cuya trilogía sobre la guerra (tres magníficas novelas que cuentan las vicisitudes de una familia de Gerona antes, durante y después del conflicto) le había valido para recibir algún que otro premio literario durante en Franquismo, además de proporcionarle muchísimos problemas con la censura y bastante enemigos dentro del Régimen. Curiosamente, Gironella pasó al ostracismo literario tras la muerte del dictador. Seguramente no le perdonaron que siendo catalán escribiera en castellano, como tantos otros grandes escritores por cierto. Como dijo de él Lluis Foix, Gironella "no cabía" en la nueva Cataluña nacionalista y estrecha de miras que estaba cocinando el gobierno del ínclito Jordi Pujol, como tantos otros catalanes que tampoco caben ahora por no comulgar con la fe ciega de la patria. Y es que, si hay algo que caracteriza a los iluminados, es su ansia de revancha, y con Gironella fueron implacables.

Esto bastó para que me animara a leer "Los Cipreses creen en Dios" después de lo que, además de comprobar que se trata de una visión personal pero desapasionada de una de las etapas más convulsas de nuestra historia, recibí un impacto tremendo en la conciencia al descubrir que los personajes de la novela, sus ideas, sus temores y sus opiniones son los mismos que los actuales, ochenta años después. Sobrecogedor y alarmante.

¿A qué viene ese vacío del "mundo de la cultura" hacia la obra de Gironella? Lo bueno es que sus novelas no abundan ni mucho menos en la versión oficial de los vencedores, ni se cantan las glorias del Generalísimo, al contrario: se retrata por ejemplo la decadencia de una Iglesia Católica próxima a los ricos y alejada de los pobres y se critica de forma velada el militarismo, no sin cierta mofa a las alusiones de la "misión histórica de España" de los falangistas.

Pero claro, el escritor cometió el crimen de no ensalzar como héroes a las bandas de agitadores y fanáticos de la izquierda que se encargaron de arruinar el proyecto republicano, antes incluso del mismo levantamiento del 18 de julio. En otras palabras: Gironella no es lo suficientemente sectario para que su opinión sobre la Guerra Civil, sus causas y sus consecuencias, sea lo suficientemente autorizada.

"Los cipreses creen en Dios" fue escrita en los años 50 y tiene como telón de fondo los sucesos que ocurrieron entre 1931 y 1936 en España. Afortunadamente hoy los sindicatos no reparten armas de fuego entre sus afiliados y los militares se han librado al fin de su trasnochada mentalidad decimonónica "Dios, patria, honor". Tampoco hay gente quemando iglesias, ni falangistas y anarquistas sembrando el terror en las calles, ni comunistas armados pegando carteles de Stalin por las calles. No se ha llegado al colapso del orden como sucedió durante la II República, ni a los salarios de hambre, ni al espectáculo de los gobiernos regionales proclamando su independencia del resto del país, ni a las vergonzosas desigualdades e injusticias sociales de entonces.

Todo esto no ha llegado todavía, pero la materia prima es la misma, los españoles de hoy somos un penoso retrato en color de los de esa época. Fanáticos, ignorantes, violentos, estúpidos, indolentes, egoístas e inconscientes. Tal como éramos somos hoy. Basta con rascar un poco en la superficie y eso es lo que queda cuando desaparece el fino barniz de la civilización, de la ley y el orden. En algunos casos ni siquiera hace falta rascar, salta a la vista.

La silenciosa mayoría asistía entonces paralizada al desarrollo de estos acontecimientos, conscientes de que ellos con su inacción tenían también parte de la culpa de lo que sucedía y acabaría sucediendo más tarde. Nadie paró los pies a los sembradores profesionales de odio y luego ya fue tarde para lamentaciones, se llegó al punto sin retorno y vinieron la guerra, la miseria, el hambre, la dictadura y para muchos, el exilio y la represión.

Se empieza denostando a autores como Gironella por tratar de explicar por qué España se dividió en dos bandos irreconciliables hasta el punto de matarse unos a otros y se acaba montando pelotones de fusilamiento y cárceles del pueblo. ¿Será ése el destino que la Historia reserva a los pueblos estúpidos?

8 comentarios:

Chema Larrea dijo...

Espero que no nos depare eso. Buen artículo. A mí el libro que mejor explica como se llego a la guerra civil es "El Laberinto Español".

Daniel Terrasa dijo...

Hola Chema,
No, no estamos en las mismas circunstancia de entonces, pero tampoco tan lejos de ellas como muchos creen.
"El laberinto español": Tomo nota de la sugerencia.

Carlos56 dijo...

… tampoco se están quemando iglesias Daniel ¿Estás totalmente seguro de esto?
queman-una-iglesia-en-barcelona-tres-litros-de-gasolina-para-iluminar-la-noche
Y no es un caso aislado.

En tu artículo, que me parece francamente bueno, hago de menos la referencia al hecho realmente diferencial de la Revolución del 34. Atentos al 2012 ¿Admitirá la izquierda una derrota electoral o se 'indignarán' ? Creo que ahí tendremos un indicador para saber si estamos condenados a repetir nuestra historia por quinta vez.

Un cordial saludo.

Vueloslastminute dijo...

Hola Carlos,

Sí, no olvido lo del 34 en Asturias, pero las circunstancia son tan distintas hoy... Ya no hay una "Madre Rusia" que financie las acciones de un PCE muy fuerte y entregado a la causa de implantar en España la dictadura del proletariado.

Y lo de la salvajada de quemar iglesias, no digo que no haya mucha gente dispuesta a ello aun hoy, pero por suerte al menos nadie desde arriba les anima a hacerlo como sucedía entonces. Abiertamente, digo.

Para mí, resumiendo mucho, los españoles somos los mismos, la diferencia está en ese "barniz" que nos contiene, que se desgasta rápidamente aunque aun existe.

Un saludo

PD: ¿Qué opinión te merece Gironella? Me interesaría saberlo.

Carlos56 dijo...

No tengo juicio hecho. Lo que recuerdo, con una sonrisa íntima, es que el título "Un millón de muertos" ponía malo a más de uno, pues quedó instituida una cifra de muertos, para esa conflagración, absolutamente falsa. Curiosamente aunque no era considerado un autor del Régimen sin embargo si fue muy leído por la generación precedente a la mía, los que si vivieron la guerra y la postguerra.

En mi familia, en la que teníamos combatientes y sufridores de los dos bandos, recuerdo más la crítica literaria que la histórica. Como verás poco te puedo aportar.

Mi acercamiento al tema ha ido más por la historia no novelada, como creo que se me nota en alguna intervención.

Un abrazo.

Smyslov dijo...

Lo leeré y después te daré mi opinión pero... otro libro sobre la guerra civil... ufff

Oroel dijo...

Recuerdo haber leído la trilogía hace muuuchos años, en la adolescencia o casi, cuando leía Crimen y castigo, Los Miserables o la Regenta. Con el tiempo, curiosamente, he pasado a leer cosas más ligeras (ahora estoy leyendo las aventuras de Huckleberry Finn). Libros interesantes sobre el periodo que recuerdo: Madrid, de Corte a checa, de Agustín de Foxá, y El Campo del Moro, de Max Aub, cada uno desde un bando distinto. Volveré a leer a Gironella. Hace tanto tiempo que será como leerlo de nuevo, porque no recuerdo nada de aquellas novelas. Y buscaré, por supuesto, El laberinto español.

Aguador dijo...

Apreciado Daniel:

A Gironella le pasó lo que a Josep Pla: que como escribían en castellano y no eran «especialmente nacionalistas», el establishment cultural nacionalista catalán decidió ignorarlos. Como ahora, en que tanto la izquierda como la derecha catalanas son nacionalistas, decidiendo AMBAS que "la cultura catalana es la que se hace en catalán". Fuera, por lo tanto, con El Último de la Fila (Quimi Portet canta en catalán, pero no ha tenido mucho éxito en solitario) o Loquillo, que ha chocado frontalmente con los mandarines de la "cultura catalana". De Boadella no te cuento porque ya sabes, y del Tricicle, me huelo que se largarán en breve (de hecho, Paco Mir ya ha levantado el vuelo).

Una pequeña corrección. En realidad la obra que comentas en el post no es "trilogía", sino tetralogía:

1.- Los cipreses creen en Dios.
2.- Un millón de muertos.
3.- Ha estallado la paz.
4.- Los hombres lloran solos.

Todos ellos valen mucho la pena como historia novelada de aquella década que nos condujo al mayor desastre nacional desde... buffff... por lo menos desde el reinado de Witiza :)

Saludos,
Aguador.