PAISSE (paisse@yahoo.es)

"¿No ves que la finalidad de la Neolengua es limitar el alcance de del pensamiento?" (1984, George Orwell)

29 marzo 2012

Morir por las ideas y otras estupideces


Hace ya 31 años que murió Georges Brassens y el mensaje de sus canciones sigue vigente. Es más, el mundo se ha vuelto más estúpido desde que él se fue al otro barrio. Para demostrarlo, ahí están esos valientes jubilados mallorquines amb poques feines que se declaran en huelga del hambre para defender la lengua catalana (dicen) de sus supuestos enemigos. Dispuestos a morir por sus ideas, o por su patria, que al fin y al cabo es lo mismo. 

¿Dispuestos a morir? Esta semana otro monje tibetano se prendió fuego a sí mismo en el norte de la India para protestar por la ocupación china del Tibet. Estúpida forma de morir. Y estéril. Sin saberlo, estos suicidas que se queman a lo bonzo están dejando en ridículo a los ancianos catalanistas que de repente han cambiado la partida de truc en el café por este lamentable paripé patriótico o lo que sea.


Y digo ancianos, en plural, porque estos entrañables veteranos han inventado la huelga de hambre por relevos. Un hallazgo lleno de ventajas, oiga: no hay necesidad de que nadie se haga daño y el éxito mediático está asegurado, que para eso están los medios de comunicación, el orwelliano Ministerio de la Verdad catalanista, para transformar una bufonada en un acto heroico.

Lo malo de todo esto es el ejemplo. Si no fuera por esto, la cosa no pasaría de ser un chiste. Y es que morir o matar por unas ideas o por una patria es una absoluta aberración, sean éstas las que sean. Una estupidez propia de estúpidos susceptible de ser imitada por otros estúpidos. Aunque tal vez habría que buscar responsabilidades entre los que han convencido a estas personas de que lo suyo es una heroicidad en lugar de un acto irresponsable y peligroso.

Por mi parte yo seguiré los consejos del viejo Brassens: antes de morir por las ideas, mejor asegurarse de que son las correctas, si es que las hay. Porque debe ser desolador descubrir de repente que uno ha entregado su vida a la causa equivocada, llámese esta patria, lengua, religión o ideología. 

Así que yo apelo a estos venerables ancianos a deponer su actitud, no poner en peligro su salud y dar buen ejemplo a los jóvenes, confiando (con una ingenuidad conmovedora, lo sé) que los años y la experiencia aportan a los seres humanos sabiduría y sensatez. Aunque tal vez tenía una vez más razón el sabio Brassens cuando decía aquello que Le temps ne fait rien a l´affaire: quand on est con, on est con.

8 comentarios:

Pedro Larrauri dijo...

Mira que tengo mala suerte, pero estudié inglés y me quedo sin saber lo que significa la frase final.
Por cierto, que en Galicia tenemos también ejemplos de ese tipo de fanatismos, como la asombrosa frase de un famoso galleguista: "Es mejor una Galicia pobre en la que se hable gallego, que una Galicia rica en la que se hable castellano". Como se dice por aquí: ¡manda carallo!

Daniel Terrasa dijo...

La última frase viene a decir que no importa la edad que se tenga: cuando uno es tonto, es tonto. Tengas 20 años o seas abuelo.

Un saludo y paciencia para aguantar a esta gente.

Daniel

Arturo dijo...

Fenomenal artículo, Daniel. Estoy leyendo las memorias de Bertrand Russell. No cree que el paso del tiempo haga madurar a nadie, pero sí volverle más conciliador, más necesitado de afecto, más escéptico sobre las grandes metas, pero más atento a las pequeñas cosas en las que no se distingue al filósofo de los demás hombres. El idealismo para jóvenes de los protagonistas de tu artículo, parece un recurso más bien propio de quienes no han quemado etapas como corresponde,o se merecen la frase con la que acabas. Saludos.

Tomas Anibal de todos los santos dijo...

"Y es que morir o matar por unas ideas o por una patria es una absoluta aberración, sean éstas las que sean."

El otro dia repasaba un escrito donde Jhosep Pla Reflexionaba y decia que nunca pudo comprender como un pueblo tan superficial e indolente podía estar literalmente matándose pocos años después.

Un país que veía su propia destrucción mientras comía churros y buñuelos, entre algarabías, chistes e indiferencia, se vio un día sumido en la barbarie más absoluta, una guerra fratricida que solo dejaría miseria, dolor y hambre ¡ah! Y una dictadura de casi 40 años.

Saludos

Anónimo dijo...

Estás muy callado Daniel, ¿no será que también te han intervenido?

Daniel Terrasa dijo...

Anónimo:

No creas que no es por falta de ganas de escribir. Qué futuro más negro tenemos. Me siento tan culpable de haber traído al mundo dos niños a una tierra gobernada por mafiosos.

Anónimo dijo...

Dices verdad Daniel, complicado lo tenemos nosotros, pero nuestros hijos lo van a pasar muy mal.

Aguador Aguador dijo...

Y por si faltara algo, Sa Nina dice ahora que «nadie debería ir a la cárcel por temas económicos». Con un par xDDD

Saludos,
Aguador.