Recuerdo cuando era pequeño y en el flamante Seat 124 azul de mi padre pasábamos por la carretera vieja de Manacor, a la altura de Algaida. De pronto aparecía en el horizonte la silueta negra del Toro de Osborne, entera y sin pintadas.
No recuerdo haber oído nunca a nadie que dijera sentirse ofendido o atacado por su presencia. Lo más que escuché es que se trataba de una horterada, algo con lo que incluso podría estar de acuerdo. La estética rancia de la España cañí, toros, sangría y flamenco, etc.
Hoy esta valla publicitaria que una vez tuvo forma de animal (pues no era otra cosa que eso) aparece decapitada, con una bandera catalana pintada en el cuerpo y tachada con una X negra.
Es solo el resultado del último de una larga lista de ataques y contrataques. Y es que este pobre toro se ha convertido en los últimos años en el tablón de anuncios de vándalos de distinto signo que probablemente piensen que destrozar una figura de madera y cartón es la máxima expresión del heroísmo patriótico.
Es solo el resultado del último de una larga lista de ataques y contrataques. Y es que este pobre toro se ha convertido en los últimos años en el tablón de anuncios de vándalos de distinto signo que probablemente piensen que destrozar una figura de madera y cartón es la máxima expresión del heroísmo patriótico.
El único toro de Osborne de Mallorca -o lo que queda de él- es una metáfora visual del deterioro de una sociedad cada vez más ignorante e intolerante, incapaz de resolver las cosas hablando y, lo que es más preocupante, que piensa que la violencia es un medio lícito para alcanzar sus objetivos.
Carretera vieja Palma-Manacor, kilómetro 25 aproximadamente: ahí encontraremos el Toro de la Vergüenza, mutilado y desfigurado, el espejo en el que deberíamos mirarnos y sonrojarnos todos los mallorquines, porque nos retrata a todos: a los fanáticos catalanistas en primer lugar, pero también a los responsables de la educación de los jóvenes, a los que comprenden y toleran algunas actitudes violentas (unas sí, otras no, todo depende) y sobre todo a los que miran hacia otro lado haciendo como si no pasara nada. Estos últimos son los que un día se levantan con el culo al aire y se preguntan indignados: "¿cómo hemos llegado a esto?"

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